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La llegada de la primavera y su influencia en nuestro estado de ánimo

Damos la bienvenida a la primavera

Cada año, la llegada de la primavera se da del equinoccio de ésta al solsticio de verano, comenzando esta estación entre el 20 y 21 de marzo en el hemisferio norte (y entre el 22 y 23 de septiembre en el hemisferio sur).

La primavera… ¿la sangre altera? Pues bien, cuando la primavera llega de nuevo cada año, se dan algunas alteraciones que provocan que nuestro cuerpo y estado de ánimo varíen. Según algunos expertos desconocemos si la sangre se altera (como dice el popular refrán), pero el sistema nervioso desde luego que sí. No existen muchos estudios al respecto, pero está comprobado que la primavera es la estación que más nos afecta y se dan fluctuaciones a nivel neuroquímico que causan un impacto sobre nuestra respuesta hormonal y comportamiento. Se estima que ocurre más en mujeres (en proporción de 4 a 1).

¿Por qué ocurre esto? La clave de este fenómeno se encuentra en todo aquello que nos gusta de la llegada de la primavera: el aumento de horas de luz, los cambios de hora y temperatura…, estos cambios favorecen la fabricación por parte de nuestro sistema hormonal de una mayor cantidad de determinadas sustancias, lo que altera nuestro estado de ánimo. De modo que, sufrimos ciertos cambios que pueden traer en consecuencia un estado de ánimo más bajo (sentirnos más cansados, melancólicos, con baja energía, fatiga mental, cambios bruscos de humor, conectando más con la soledad, con la tristeza, pueden darse pérdidas de memoria, dolores de cabeza, mayor tiempo de sueño o dificultades de conciliación, etc. – a lo que llamamos astenia primaveral o, sólo si los síntomas son regulares e intensos; trastorno afectivo estacional/trastorno depresivo con patrón estacional) o, por lo contrario, exaltación y alegría (nos sentimos más activos, positivos, con mayor vitalidad, enérgicos, disminuye el tiempo de sueño, aumenta la motivación para realizar actividades, etc. – relacionado con la liberación de serotonina, oxitocina, dopamina y endorfina, todas ellas relacionadas con el alivio del estrés, el placer y la felicidad).

Los recién mencionados síntomas, afortunadamente no suelen durar demasiado y no hemos de darle más importancia de la que realmente tiene, no se trata de una enfermedad o trastorno que requiera de un tratamiento concreto; los cambios de estación conllevan períodos de transición y ajuste que hemos de internalizar y en cuanto nos adaptamos a la nueva estación volvemos a la normalidad y recuperamos nuestro ritmo habitual. Una alimentación sana y equilibrada, rutinas saludables, practicar deporte (de forma moderada y constante) y dormir bien respetando una adecuada higiene del sueño nos ayudará a combatir este periodo de la mejor manera posible.

Cuadro de Monet: “El jardín con flores en primavera”
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