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Límites en la familia

Los límites y las normas son fundamentales porque otorgan a los hijos sentimientos de seguridad y protección, los hijos van creando sus propios referentes. Ayudan a lograr una convivencia más organizada y promueven el sentido del respeto hacia los demás y hacia uno mismo y preparan a los hijos para la vida en una sociedad.

A medida que los hijos crecen madurativamente, el margen de libertad ha de ser mayor. Conforme los hijos se comporten de forma responsable y tomen decisiones adecuadas es preciso ampliar el espacio de libertad. Por el contrario, éste ha de restringirse cuando las decisiones no sean las correctas o cuando el niño/a se muestre irresponsable.

¿Cómo deben ser?

Realistas: las normas han de ser posibles de cumplir y estar ajustadas a la realidad.

Claras: las normas han de ser entendidas para poder ser cumplidas.

Consistentes: la aplicación de las normas debe ser aproximadamente la misma, independientemente del estado de ánimo.

Coherentes: Los distintos miembros de una familia tienen diferentes funciones y, por otro lado, también diferentes normas, pero todas deben poder integrase dentro de un mismo sistema.

Fundamentales: Tienen que ser pocas, muy claras, poco matizables en función de las circunstancias y de cumplimiento obligado e innegociable.

 

Los padres deben estar tranquilos y calmados a la hora de establecer una norma. La educación sobre las mismas tiene características diferentes en función de la edad. También es importante buscar un momento adecuado para hablar con ellos. Finalmente, tras la puesta en marcha, hay que mantenerse firmes, pero colaboradores, animando al cumplimiento.

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